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Paradise – The Untrue Experience

Contexto
En un 2025 saturado con más de 1,200 estrenos en las principales plataformas, la serie Paradise, de Disney+, enfrentó un desafío doble: competir sin el respaldo de una franquicia como Marvel y sin actores estrella, y comunicar la trama de un thriller político —sin revelar spoilers— a partir de la frase «Parece que un agente secreto mató al presidente». Ante este panorama, el lanzamiento corría el riesgo de quedar relegado.
Objetivo
Reto

La idea
Nuestro insight fue contundente: en un mundo con exceso de contenido, la única forma de destacar era convertir la esencia de la serie en la experiencia del evento. Si Paradise estaba construida sobre una mentira, el lanzamiento también debía estarlo.
Decidimos hacer realidad la esencia del eslogan promocional de la serie —«Lee entre mentiras»— y llevarlo más allá de lo publicitario. Creamos un doble juego para que medios, influencers e invitados al evento vivieran el dilema de preguntarse qué era real y qué era falso, experimentaran en carne propia la premisa central de la serie y se sintieran inmersos en un relato que los desafiaba constantemente.
A partir del uso de los espacios y la escenografía, convertimos Casa Lamm en la Casa Blanca y buscamos a actores de teatro que, gracias a sus tablas y talento, lograron interpretar fidedignamente a un grupo de agentes secretos. Cada interacción, gesto y línea de diálogo estaba guionizada y pensada para retar a nuestros invitados a descubrir pistas, encontrar a los sospechosos, decodificar mensajes y diferenciar entre la verdad y la mentira, replicando así la tensión narrativa de la serie en un entorno físico.
The Untrue Experience, entre teatralidad y escenografía, transformó a los invitados en los protagonistas, diluyendo cada vez más la frontera entre lo real y lo falso.
¿Cómo lo logramos?
The Untrue Experience fue concebida como una puesta en escena cuidadosamente diseñada para borrar los límites entre una premiere y una narrativa vivencial. Desde el principio sabíamos que lo inmersivo no debía venir de pantallas ni de recursos digitales, sino de la teatralidad, la escenografía y la interacción directa con los invitados. La meta era que cada paso dentro del evento replicara la sensación de estar viviendo un episodio de la serie.
La transformación comenzó con la elección del espacio. La histórica Casa Lamm se convirtió en el escenario perfecto para recrear la solemnidad de la Casa Blanca. Con un trabajo detallado de ambientación, cada rincón fue modificado para transmitir verosimilitud: banderas, sellos presidenciales, documentos clasificados, protocolos de seguridad ficticios e iluminación diseñada para reforzar la tensión dramática. El acceso al recinto ya marcaba el inicio de la experiencia y generaba incertidumbre en los asistentes desde el primer instante.
La teatralidad se consolidó gracias a un elenco de actores de teatro seleccionados por su capacidad para improvisar y mantenerse en personaje. Ellos dieron vida a agentes secretos, asesores y figuras políticas que interactuaban directamente con medios e influencers. No se trataba de una actuación pasiva, sino de un guión vivo en el que cada invitado era parte del relato.












